Sensibilidad mínima y sensibilidad máxima

Un parámetro que cada vez adquiere más importancia en nuestra valoración de los dispositivos utilizados en la captura de firmas digitalizadas es el de la sensibilidad a la presión.

La experiencia en diferentes proyectos nos ha demostrado que la información de la presión en las tabletas digitalizadoras que permiten captar esta variable habitualmente forma mesetas planas con variaciones de presión casi únicamente en los inicios y fin de trazo.

Esto se debe a que se alcanza rápidamente la presión máxima que detecta el dispositivo, y ya no es posible discriminar aumentos o disminuciones de presión cuando el trazo se produce entre las pendientes de la curva que señalan los puntos de inicio o fin de trazo.

Por otro lado, en diferentes dispositivos hemos constatado que produciéndose contacto entre el puntero y la superficie de la pantalla, el sistema no da indicación de presión alguna porque no se ha superado el umbral de sensibilidad mínima.

En los usos habituales en los que la sensibilidad a la presión de las tabletas digitalizadoras o generalistas con tecnología de detección de presión tiene utilidad, estos umbrales no son tan relevantes, porque el usuario gradúa la presión que realiza según la realimentación visual que se produce cuando ve en pantalla el efecto del movimiento del puntero sobre la superficie de la tableta. Por ejemplo en aplicaciones de dibujo, bocetado, diseño o arte por ordenador.

Sin embargo en la firma, la inmediatez de la acción, realizada casi siempre con poco control consciente, clave en la vinculación del firmante a través de su valoración biométrica, no da pie a una adaptación del firmante a las peculiaridades del dispositivo

De modo que empieza a ser más importante en los dispositivos utilizados en el marco de proyectos FMDA (Firma Manuscrita Digitalizada Avanzada)  los dos valores extremos que miden la presión del puntero sobre la superficie activa del dispositivo, que el número de niveles, que en muchos dispositivos alcanza el valor de 1024, pero que no perdería utilidad forense por ser un número menor, como 256 (un valor frecuente) o, incluso, 64.

 

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